El Compromiso
Manifiesto para una nueva humanidad
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El Compromiso. Manifiesto para una nueva humanidad

Introducción:

La ausencia de compromiso es una de las carencias más severas de nuestra sociedad. La falta total y absoluta de compromiso a todos los niveles, tanto colectiva como individualmente.

La humanidad estará condenada a una constante explotación de sí misma y del medio ambiente que la sustenta, mientras no caigamos en la cuenta de la necesidad de comprometernos en mejorar nuestra existencia y la de los demás. No en ganar más dinero, tener más posesiones o más poder o reconocimiento social; si no en poner nuestros esfuerzos personales y sociales en mejorar nuestra existencia más allá del limitado ámbito material.

Un compromiso que debe empezar por nosotros mismos, con nuestro cuerpo, con nuestras necesidades, con nuestra alma. Olvidarnos de esas costumbres, de esos convencionalismos sociales, de ese someternos al engranaje sociopatriarcal de lo que debemos hacer y pensar.

Y un compromiso colectivo basado en la responsabilidad, la ética, la solidaridad, la justicia y el respeto.

 

¿Qué entendemos por compromiso?:

Etimológicamente hablando compromiso quiere decir obligación contraída por medio de acuerdo, promesa o contrato, también puede ser utilizada para referirse a una promesa o declaración de principios; además de otras acepciones que no vienen al caso. La palabra compromiso deriva del término latino compromissum y hace referencia a una obligación contraída o a una palabra dada. Ese compromiso, como declaración de principios, auto-obligación moral que asumimos con nosotros mismos, los demás y todo lo que nos rodea; es la acepción en la que me interesa profundizar. Ese deber que tenemos con nosotros mismos y con toda la humanidad, en mejorar nuestra existencia individual y colectiva; el cual, está firmemente arraigado en nuestro corazón, a pesar de que en la mayoría de ocasiones, hagamos, por desgracia, caso omiso del mismo.

Pero debemos de caer en la cuenta que es una palabra que da pie a muchas acepciones o interpretaciones dependiendo del contexto en el que nos encontremos ya sea cultural, social o geográfico y de la situación a la que lo apliquemos. Todos estaremos de acuerdo que aplicamos diferentes niveles de compromiso según nos refiramos a la familia, a los amigos, al trabajo, a la sociedad, etc.; encontrado personas cuya capacidad de compromiso sea mayor en unos ámbitos que en otros, y dependiendo de la personalidad de la persona encontraremos diferentes grados de compromiso para el mismo ámbito.

Precisamente esa es la hipótesis de partida de este ensayo ¿Y si ese diferente posicionamiento ante el compromiso de cada uno de nosotros en cada uno de nuestros ámbitos vitales, fuera el germen determinante para la generalizada insatisfacción personal y por ende para la complicada convivencia social?, ¿Y si en nuestra falta de compromiso con nosotros mismos y con los demás, estuviera el origen del sufrimiento y del malestar existencial del ser humano?, ¿Y si entendiendo realmente el significado del autentico compromiso pudiéramos aumentar la calidad, y no cantidad, de nuestra existencia humana y aliviar el sufrimiento generalizado de la humanidad?.

Pero seguimos sin saber realmente que significa el compromiso. Comprometernos realmente con nuestras necesidades reales como seres humanos y espirituales en este planeta; anidados, cada uno en nuestro interior, por un destello de luz de origen divino que podemos llamar alma y que alienta nuestra existencia. Como seres humanos, somos seres con una dimensión individual y social; desde tiempos inmemoriales hemos buscado respuestas a nuestra razón de ser y en última medida a nuestra angustia existencial, como seres individuales separados de los demás seres humanos y de la totalidad que nos envuelva y da forma a nuestro universo personal.

Desde el animismo hasta la física cuántica, pasando por las tradiciones orientales, la filosofía occidental y los nuevos estudios de la conciencia; todas las respuestas parecen converger hacía la consideración de un ser humano que se cree a si mismo único e individual, pero que realmente esta interconectado con todos los demás y con el todo que nos rodea. Esa entidad de cuerpo, mente y espíritu se siente sola y naufraga constantemente en la angustia interior de su existencia cotidiana por ser incapaz de equilibrar esa trinidad con el aliento divino de su alma que le impulsa en una búsqueda constante de sí mismo y de la re-unión con el todo que es la única que puede proporcionarle la paz y el sosiego anhelados.

¿Adónde quiero llegar?; espero que nadie se haya perdido en la exposición de mi idea. Desconocemos el sentido de nuestra existencia, el propósito vital de nuestra encarnación. Educados en un sistema productivista y materialista nos esforzamos en conseguir y mantener una seguridad material a nivel económico, social, familiar y amoroso. Nada más alejado de la realidad, la vida y nuestra existencia es permanente cambio; mientras nosotros gastamos nuestras energías en luchar contra lo inevitable y vivimos en una constante angustia por mantenernos en un empleo fijo, una pareja fija, unas amistades fijas, una familia unida, etc. Una y otra vez la vida se esfuerza en demostrarnos que nada es eterno, todo está sujeto a continuos cambios; así perdemos el empleo, cerramos nuestros negocios, mueren nuestros familiares, las parejas se rompen, etc.

Nuestra existencia se vuelve en un continuo sufrimiento motivado por el mal de amor, la inseguridad económica, la ingratitud y la traición de los que apreciamos, la explotación de los que controlan el poder, etc. Cada vez nos volvemos más individualista y el sistema de poder económico, político y social refuerza esa tendencia a través de la propaganda educativa y de los medios de comunicación de masas (Falsimedia).

Durante gran parte del siglo XX el compromiso social llego a cotas inimaginables en la historia de la humanidad, eso dio a lugar a numerosas revoluciones a lo largo del planeta como respuesta a la explotación de los poderes económicos pero también al ansia individual de superar la angustia individual de cada ser humano, en pos de una existencia más justa y de una mayor bienestar a todos los niveles. Ese compromiso social entre los desfavorecidos fructificó en diversos sistemas de poder teóricamente igualitarios y, en las democracias de mercado occidentales, en la adopción del mal llamado estado del bienestar después de la 2ª guerra mundial. Ni que decir tiene que fue esa capacidad de comprometerse de millones de seres humanos a lo largo del planeta en organizaciones sociales, sindicatos, partidos políticos, etc., muchas veces pagando con sus propias vidas, lo que permitió y obligo a las elites gobernantes a renunciar a parte de su poder. Proceso en continua reversión desde la década de los 80 del pasado siglo por la avalancha neoliberal, cuya máximo exponente es la crisis actual, originada a propósito para ser usada como excusa en el definitivo desmantelamiento del estado del bienestar y la extensión del modelo tercermundista de explotación económica y social a todo el planeta; pero ese no es el objeto de este manifiesto.

Fueron un claro ejemplo de compromiso colectivo que mejoro la existencia del ser humano en esas sociedades consiguiendo niveles de bienestar impensables y propios de soñadores en la historia de la humanidad. Esos niveles de compromiso social constatables a nivel histórico, aunque solo duraran unos pocos meses, como el 2º semestre del 1936 en Cataluña; entre muchos otros repartidos por todo el mundo, cuya cita considero fatua e innecesaria. Terminaron fracasando en sus objetivos porque ese necesario compromiso social, organizativo y colectivo no iba acompañado de un compromiso individual con nuestra propia esencia que posibilitaría el autoconocimiento y la transcendencia de nuestras naturales inclinaciones egoístas, así como nuestra constante tendencia a acumular bienes materiales y poder sobre los demás a nivel político, social, familiar y relacional.

Todos los procesos que florecieron durante el siglo XX e intentaron establecer sociedades basadas en la igualdad, la justicia y la solidaridad fracasaron rotundamente, aunque triunfaran sobre las estructuras sociales establecidas y las demolieran desde sus cimientos creando otras nuevas; y eso desde la Revolución francesa de 1789. Es algo reconocido por todo los estudiosos de la materia. A pesar del intenso compromiso social, fracasaron en sus nobles aspiraciones y sus loables intenciones, al carecer de un compromiso individual con nuestro ser.

Al otro lado del planeta, las sociedades orientales parece que encontraron el camino del compromiso personal hacia la realización de nuestro ser. Como lo demuestra el surgimiento, expansión y mantenimiento de tradiciones espirituales (Budismo Zen, Taoismo, entre otras) que permiten al hombre liberarse de las cadenas del sufrimiento, de la ilusoria realidad material y de las pasiones que nos apartan de nuestra verdadera naturaleza. Esta filosofía perenne de las tradiciones orientales han permitido a muchos alcanzar un estado de paz y serenidad, calificado como iluminación, en el que todo cobra un sentido diferente, donde el hombre es capaz de sentirse libre, tornándose su existencia en plena y satisfactoria.

Esta liberación individual, sin embargo no se ha podido trasladar a sus sociedades; encontrándonos que esa falta de avance social igualitario y liberador a puesto en peligro la supervivencia de esas tradiciones y vías de liberación personal. Si bien es verdad lo que sostenía el maestro zen Taisen Deshimaru (Que sembró la semilla del zen en Europa): “Nunca podrá solucionarse el problema colectivo sin solucionar antes el problema individual.” Nos encontramos que las sociedades occidentales donde se había avanzado más en resolver el problema social se han comportado como un sustrato excepcional para el florecimiento de la espiritualidad y de sus prácticas liberadoras del sufrimiento humano. Con la paradoja que esas tradiciones orientales tienen más practicantes occidentales que en sus regiones de origen en Asia. “Aclarar que hablo de vías espirituales y no de religiones.”

Resumiendo, los dos principales caminos que ha tomado el ser humano en su búsqueda de la libertad, la igualdad y la justicia, para conseguir un mundo mejor; el compromiso social, a través de las luchas y conquistas sociales, por un lado; y el compromiso individual, a través de la superación de las contradicciones entre cuerpo, mente y espíritu para lograr la expresión de nuestra alma en nuestra existencia cotidiana, por otro lado. Hasta el momento actual y cada una por separado no han podido producir esa anhelada superación de nuestra angustia existencial que se traduce en nuestro desencanto con nuestro cuerpo, nuestro trabajo, nuestra pareja, nuestros familiares, nuestras amistades, etc.

Ante esto se hace patente la necesidad de hacer converger ambos caminos en uno solo que nos lleve a un compromiso a todos los niveles individual y colectivo que nos permita avanzar hacia una humanidad más libre, justa y solidaria en la que sus miembros se sientan respetados y plenos.

 

¿De qué tipo de compromiso estoy hablando?

Llegado a este punto es el momento de concretar el significado de un autentico compromiso ya sea personal o social; pues las sociedades pueden ser consideradas como entes con personalidad propia y por tanto con necesidades concretas y definidas.

El compromiso del que hablo es aquel que nos lleve como personas y como sociedades a un proceso de autoconocimiento a través de la sinceridad, de reconocimiento de nuestras necesidades reales y aceptación de las mismas, de comprensión de nuestros límites, de aceptación de la diversidad y de la unidad de los seres humanos y de toda nuestra realidad en un todo interconectado.

Necesitamos un converger de nuestra realización individual con la realización social, de forma que la sinergia del compromiso individual y el compromiso con la sociedad, produzca el efecto de, no logrado nunca hasta ahora, de una humanidad más libre, justa y solidaria con un autentico y real estado del bienestar.

Para eso debemos llevar el significado del compromiso hasta sus últimas consecuencias, y aunque cada uno podrá plantearlo a su manera conforme a su propia percepción de sí mismo y de la realidad en la que se mueve, creo posible desglosarlo en facetas o áreas de compromiso; a saber, compromiso personal, familiar, social y político, medioambiental y universal.

 

Compromiso personal:

Somos seres humanos, dotados de un cuerpo físico, de una mente; hasta ahí la mayoría estamos de acuerdo, y de una naturaleza divina; que algunos llaman espíritu o alma.

Como seres físicos tenemos unas necesidades propias de cualquier otro animal, alimento, refugio, seguridad, sexualidad, etc. Como seres con intelecto tenemos también necesidades de educación, cultura, etc. para desarrollar nuestras capacidades intelectuales y sentirnos útiles. Como seres espirituales necesitamos autoconocernos e integrar nuestras necesidades físicas, mentales y espirituales para liberar nuestra angustia existencial y alcanzar la plenitud anhelada. Sobre esto Abraham Maslow disertó hace unas décadas largo y tendido.

Voy a centrarme en como comprometernos con esas necesidades personales que compartimos todos y que aunque pueden ser físicas, mentales o espirituales no dejan de estar interconectadas entres si, teniendo un efecto sinérgico que atendamos a su realización.

Nuestro cuerpo necesita alimentarse, descansar y ejercitarse para mantenerse sano físicamente y dotarnos de la energía adecuada al desempeño de nuestra existencia vital. Es decir nuestros hábitos de vida deben ser saludables; no se trata de convertirse en un monje (La humanidad sólo necesita que lo hagan una fracción mínima de sus integrantes), pero nuestra alimentación actual deja mucho que desear. Solo hay que remitirse a las tasas actuales de obesidad, exceso de grasas en sangre, consumo de drogas de todo tipo (incluidas las legales), etc.

Comprometernos con nuestra alimentación personal consiste en alimentar a nuestro cuerpo conforme la fisiología del mismo requiere; algo demostrado por nutricionistas, médicos y antropólogos. Si bien el ovolactovegetarianismo sería el método de alimentación más conveniente para nuestro cuerpo; la extensión de un cierto vegetarianismo “light”, es decir el consumir apenas una vez a la semana carne o pescado, o menos; es una opción plenamente aceptable, que parece corresponder con la de nuestros antepasados y la de la mayoría de tribus todavía en estado paleolítico que han podido estudiarse.

El consumo de drogas sociales u otro tipo de alucinógenos convendría que estuviera restringido a ocasiones especiales y no ser un hábito de fin de semana o mucho menos diario. A este respecto tomar una cerveza o una copa de vino no creo que sea más perjudicial que consumir los tan frecuentes refrescos o bebidas estimulantes. Cómo todo en la vida la moderación en este tema es primordial.

El descanso también es importante para nuestro cuerpo, tener hábitos regulares de sueño es una buena protección ante el stress, disminuyendo la probabilidad de sufrir estados ansiosos. Vuelvo a insistir que no se trata de ser un monje, de no salir a fiestas o a bailar; pero es más frecuente de lo deseable sobre todo en los jóvenes y con la expansión del ocio digital la costumbre de trasnochar diariamente y dormir de día; algo para lo que nuestro cuerpo no está en absoluto preparado, con el consiguiente perjuicio a largo plazo. Como ejemplo a esto que digo, a mi hija la acostábamos cuando estaba en primaria, menos de 10 años, lo suficientemente temprano para que descansara un mínimo de 10 horas seguidas, sin embargo en su clase había niños que se acostaban a las doce de la noche, descansando unas escasas 8 horas; algo totalmente desaconsejado por pediatras y pedagogos, siendo una situación más frecuente de lo deseable.

El ejercicio cumple una función importantísima para mantener nuestra estructura ósea, nuestra musculatura, nuestro sistema cardiovascular y nuestros órganos en correcto funcionamiento. Andar una hora al día a paso ligero puede ser suficiente; el que desee hacer más ejercicio o con más intensidad es libre de hacerlo, pero sin caer en la práctica profesional a todas luces contraproducente para el organismo al sobrepresionarlo en sus necesidades estructurales y energéticas.

Hábitos saludables, correcta alimentación y ejercicio regular son los tres pilares para mantener y cuidar el tesoro que se nos ha concedido de esta casadios que anidamos. Por supuesto este compromiso con nuestro cuerpo, también es extensible a los que nos rodean comprometiéndonos a que, los que no pueden satisfacer sus más mínimas necesidades por motivos económicosociales, puedan acceder a ellas; intrincándose nuestro compromiso personal con el compromiso social. Al igual que en la necesidad de disponer de aire limpio en locales cerrados, eliminar la contaminación ambiental, etc. Todo esto lo abordaré más detalladamente cuando aborde el compromiso social, así como el necesario acceso a la cultura y la educación.

En el ámbito de nuestro compromiso personal, hay dos parcelas de nuestra vida que por desgracia son malentendidas, siendo satisfechas de manera muy ineficiente. La sexualidad y la espiritualidad. Como animales dotados de aparato sexual, de mente imaginativa, de sensualidad en nuestros sentidos, etc., tenemos unas necesidades sexuales que satisfacer, pero a su vez esa sexualidad está relacionada con nuestra espiritualidad. Por desgracia en nuestra sociedad la moral judeocristiana imperante fruto de las imposiciones de las tres religiones del libro, han convertido la sexualidad en un tema tabú, desvirtuándola en todos los sentidos; por un lado la tradicional represión de la misma y por otro lado, con la mal llamada liberación sexual, la extensión de la promiscuidad.

La sexualidad es algo más que la liberación de una tensión o el disfrute de un orgasmo tras otro que nos haga olvidarnos de nuestro mísero caminar por la existencia. La sexualidad es la oportunidad de conectar con otro persona, de expresar amor y afecto hacia el prójimo, de sentir fugazmente por un momento la realidad de esa unidad que se nos escapa en el día a día; es una oportunidad para abrirnos al mundo y liberar los bloqueos energéticos fruto de nuestros traumas inconscientes y problemas emocionales.

Nuestro compromiso personal con la sexualidad parte de reconocerla como algo intrínseco al ser humano y necesario para nuestro desarrollo personal. Una sexualidad basada en el respeto hacia la otra persona, en permitirnos el disfrute de la misma sin plantearnos lo que está bien o está mal. Disfrute, que no creo, pueda conseguirse en un prostíbulo; aunque es verdad que cumplan una función social, pero ese no es tema de este apartado. En obviar los convencionalismos sociales, los deberes en el lecho conyugal, permitirnos el plantear a la otra persona, ya sea pareja habitual u ocasional, lo que nos apetece, que no tiene porque ser lo mismo en cada encuentro. Tomarnos tiempo para disfrutar de la sensualidad de las caricias, los besos, el roce de los cuerpos, el sexo manual y oral, no reduciendo la relación sexual a un mero acto genital.

Por supuesto reconocer nuestras inclinaciones sexuales, respetando las de los demás. No encasillarnos obligatoriamente en una heterosexualidad u homosexualidad fruto de las creencias sociales o por modas. Considero que el ser humano es potencialmente bisexual apeteciéndoles a unas personas más un sexo que otro, pero sin que realmente no puedan disfrutar de la sexualidad con personas del sexo hacia el que menos se sienten inclinados. Personalmente soy de la opinión de que hay mucha homosexualidad fruto de esa bisexualidad mal entendida y mucha heterosexualidad con escaso disfrute de su sexualidad por no aceptar las tendencias bisexuales socialmente desprestigiadas.

Sexualidad basada en el respeto a nosotros mismos y a los demás, jamás basada en el engaño o el abuso de nuestro poder personal, aceptando nuestras inclinaciones y preferencias e intentando entender que es la puerta, no solo a un disfrute de la vida y de nuestro cuerpo; si no a una experiencia más elevada de lo que somos en realidad, que si nos aventuramos en experimentar posibilidades menos carnales nos hará despertar y conectar con nuestra esencia más profunda. Cómo nos ha enseñado y trasmitido hasta la actualidad vías místicas del tipo del Tantra.

Para último lugar, aunque en absoluto con menor relevancia, he dejado nuestro compromiso personal con nuestro espíritu. Además de cuerpo y mente, nuestro espíritu es parte integral como seres humanos dotados de conciencia; tiene sus propias necesidades fruto de su conexión con lo divino o celestial, a las que hay que atender para poder equilibrar nuestro ser en una santísima trinidad de cuerpo, mente y espíritu; caminando en una misma dirección sin contradicciones enfermizas que nos apartan de una autentica existencia plena y liberadora.

Una vez atendidas nuestras necesidades corporales e intelectuales; el desarrollo de nuestra mente a través de las estructuras egoicas de nuestra personalidad, cultivadas de forma traumática durante nuestra gestación, parto e infancia se convertirán en el frente de batalla de nuestra existencia cotidiana; defensa y prisión al unísono.

Nuestra mente, maravilloso elemento de nuestro ser, nos permite desenvolvernos en nuestro entorno vital, haciéndonos sobrevivir a sus amenazas y superar sus retos. Sin embargo, a la vez, restringe nuestra inmensa capacidad de actuación y relación; convirtiéndonos en esclavos de nuestra memoria celular y biográfica, conduciéndonos inconscientemente a responder de forma mecánica, repetitiva e insatisfactoria a nuestras situaciones vitales.

Innumerables libros de autoayuda y/o espiritualidad explican hasta la saciedad las razones de lo argumentado hasta ahora. Para poder conectar con nuestro espíritu y equilibrar cuerpo, mente y espíritu; el primer paso es sanar nuestros traumas inconscientes, problemas emocionales que constituyen la muralla, que nos impide saltar nuestras barreras mentales, para la conexión con nuestro espíritu y la expresión en la vida como seres vivos animados por nuestro espíritu.

El compromiso con nuestro espíritu se origina en el trabajo de sanación de los patrones traumáticos de nuestra personalidad que conforman nuestro yo egoicomental. Trabajo de sanación necesario también en relación con nuestro cuerpo pues de casi todos es ya aceptado el origen emocional de la enfermedad; que yo ampliaría a un conflicto más amplio espiritual/emocional.

En ese compromiso de sanación de nuestra mente, paso previo a su superación, disponemos de un amplio abanico de técnicas a nuestra disposición; desde las más clásicas terapias psicológicas hasta las más avanzadas técnicas de exploración de la conciencia como la terapia regresiva, holotrópica, gestalt entre otras; pasando por posibilidades de tipo energético como la terapia de luz, reiki y otras técnicas de sanación.

Aquí aparece la meditación, como la técnica clásica de superación de nuestra mente, resolución de nuestros conflictos y puerta a nuestro espíritu. Meditar está demostrado, científicamente, antropológicamente, socialmente y espiritualmente; beneficia a nuestro ser en todos sus ámbitos físicos, mentales y espirituales pudiendo llevarnos a una autentica realización del bienestar en nuestra vida.

La meditación es el camino hacia nuestra autoconocimiento, del cual la sanación de nuestra mente es la antesala, pero a su vez es una herramienta sanadora de nuestros traumas inconscientes y problemas emocionales. Meditar es sanar y transcender nuestra mente, despertando nuestro espíritu para conectar nuestras necesidades materiales e inmateriales en un todo unificador. Poseemos escuelas o prácticas de meditación muy conocidas como el Yoga, Taichí (ahora llamado Chikung), rezar, recitar mantras, concentrarse en una imagen benefactora, etc.; además de otras menos extendidas como la excelente meditación Zen. Incluso la opción defendida por Krishnamurti de convertir toda nuestra vida en una meditación en función de una constante y continua observación consciente de lo que nos rodea y de nuestro interior. Hacer realidad el vivir el instante, el aquí y ahora; del que también hablan otros exponentes de la nueva conciencia y que es fin, aunque también medio, de las tradiciones espirituales.

Por consiguiente podemos articular ese compromiso espiritual a través de una vía terapéutica y/o una vía meditativa, en todo caso ambas sanadoras, llevándonos a un profundo autoconocimiento; y que en absoluto son incompatibles, si no todo lo contrario, su uso paralelo o alterno presenta intensos efectos sinérgicos. El compromiso con nuestro espíritu es un compromiso de autoconocimiento, sanación y trascendencia, que haga equilibrar nuestras tres vertientes en pos de la conexión y expresión de nuestro carácter divino.

Entendernos como un todo interconectado a nivel personal y también familiar, social, planetario y universal es el hilo de Ariadna que nos llevara a fortalecer nuestro compromiso en esos niveles.

 

Compromiso familiar:

La familia es nuestro segundo círculo de expresión vital, nuestros padres, hermanos, pareja, hijos, etc. son nuestra piedra de toque y el torno de alfarero de nuestra personalidad. Comprometernos con ellos es asumir esa realidad, entenderla y aceptarla. Abandonar posturas cómodas o egoístas respecto a ellos es fundamental para nuestro desarrollo. Cada una de los integrantes de nuestra familia, tiene su propia forma de ser, de percibir la realidad y entenderla; debemos aprender a respetarla y, lo que es todavía aún más importante, aprender a que respeten la nuestra.

No es tarea fácil ni sencilla, pero en absoluto imposible. La familia es seno de actitudes intolerantes, despreciativas y fuente constante de motivos que minan nuestra autoestima; pero a la vez es un espacio donde germina y se expresa la solidaridad, la comprensión, el apoyo mutuo y el amor. A todos nos gustaría que sólo apareciera está cara de la moneda pero la cruz también es necesaria en aras a nuestra superación personal.

Nuestro compromiso familiar pasa por tolerar y aceptar las diferentes concepciones de la vida de nuestros parientes, por hacer respetar nuestro espacio y forma de vivir, pero también el suyo, por abandonar actitudes egoístas y cómodas de solo estar a las maduras y escurrir nuestras responsabilidades a las duras, y por reconocer que aportamos para que nuestras relaciones familiares sean fluidas y satisfactorias o por el contrario se encuentren bloqueadas, siendo germen de constantes conflictos.

Evidentemente no me refiero a actitudes realmente tóxicas como abusos sexuales, maltrato físico o psicológico, explotación, etc. que no debemos consentir ni tolerar, y es nuestra responsabilidad tampoco hacerlo, cuando lo sufren otros miembros de nuestra familia, por muy intenso que sea el vínculo que nos une al causante de los mismos.

La verdad es que la familia es el ambiente donde nuestra moral y nuestro compromiso personal entran en juego en el campo de la vida, convirtiéndose en testigo e indicador de cómo será nuestra capacidad de compromiso en ámbitos colectivos superiores.

Lo expresado anteriormente con respecto a nuestro compromiso familiar, no es solo aplicable a la familia de sangre, si no también a las relaciones familiares en caso de adopción, tutela, etc. pues los vínculos energéticos e inconscientes que se generan en esas situaciones son similares a los de una familia cualquiera.

Pasamos a un tema espinoso, la pareja. Como leí una vez en la prensa pareciera que actualmente nuestras parejas tienen fecha de caducidad. En un tremendo pendulazo hemos pasado de casarnos para toda la vida por moral religiosa, social e incluso obligación estatal, a tener relaciones kleenex, de usar y tirar.

Tanto uno como otro son un error y contribuyen a nuestro empobrecimiento personal y también social. No estoy hablando de encuentros sexuales esporádicos, que si son demasiado frecuentes tampoco creo que sean beneficiosos a la larga; si no de la costumbre de estar un tiempo con otra persona por comodidad y beneficio propio, desechándola a la más mínima incomodidad o cuando ya no nos resulta provechosa.

Nuestro compromiso familiar pasa por establecer relaciones de pareja basadas en el respeto mutuo, en los sentimientos de amor y compañerismo, en la satisfacción mutua de las necesidades sexuales y en el estimulo intelectual y espiritual de dicha unión. Cae por su propio peso que está relaciones no tienen por qué ser para toda la vida; tan negativo es alargarlas más allá de su sentido de crecimiento mutuo, como acortarlas porque ya, simplemente, no nos “interesa”.

En el caso de que el crecimiento de esa pareja les haya llevado a la maravillosa experiencia y, a la vez, enorme responsabilidad de traer hijos al mundo. Los sentimientos de culpabilidad, las convenciones sociales, el deber malentendido harán que no tengamos nada claro dónde termina el compromiso y empieza la obligación. Aunque en muchos casos, por desgracia, la irresponsabilidad reine en las separaciones con hijos.

Como padres, estemos separados o no, nuestro compromiso con nuestros hijos es primordial como creadores de las futuras generaciones. Eso no solo implica alimentarlos, darles una vivienda, proporcionarles estudios reglados, etc.; si no que muchas veces nos olvidamos de que necesitan ser educados por sus padres, es decir, para que crezcan sanos, felices y como individuos libres que contribuyan a una mejor humanidad; es necesario que reciban atención, que estemos presentes físicamente y emocionalmente, les demos afecto, les permitamos expresar sus necesidades, les instruyamos en las normas morales básicas de respeto a los demás (Trata a tu prójimo como te gustaría que te trataran a ti), seamos sinceros con ellos, huyendo de la mentira por conveniencia, renunciemos al uso de la violencia para imponer nuestros deseos; pero dejando claro que hay una autoridad de los padres y tienen unos límites en su libertad de acción, así como unos deberes con respecto al resto de integrantes de la familia. Respetarlos, mantener un orden y limpieza, atenerse a unos horarios, etc.

Nuestro compromiso hacia nuestros hijos también abarca el demostrar nuestro amor hacia nuestra pareja, con más motivo si es su madre o padre, pero si no lo es tampoco caer en la vergüenza. Expresar ese amor y cariño, mostrando besos, caricias, pasión ante ellos sin caer en el exhibicionismo pero viviendo nuestras relaciones sexuales con naturalidad. En el caso de padres separados nuestro compromiso hacia ellos se traduce, además, en mostrar e intentar una buena relación entre progenitores y bajo ningún concepto usar a los hijos como arma arrojadiza entre los padres ni predisponerlos en contra del otro progenitor; como por desgracia tan frecuentemente sucede. Buda decía que la principal causa de sufrimiento del hombre era la ignorancia, que mejor ejemplo de ignorancia esto último, en el que los padres separados causan tanto mal y sufrimiento a sus propios hijos y a ellos mismos; qué manera más irresponsable de sembrar vientos que originarán más tarde tempestades.

La educación de nuestros hijos también forma parte de nuestro compromiso hacia ellos, no solo educarlos en valores, si no también estar pendientes de su evolución escolar, apoyar a sus profesores, salvo en caso de negligencia flagrante, e implicarnos en conseguir una educación reglada que no sea tan analítica, productivista y represora de la creatividad de los niños; entroncando con nuestro compromiso social por lograr unas escuelas donde prime una educación liberadora, creativa, que potencie las capacidades propias de cada niño; por supuesto sin descuidar la absorción de determinados conocimientos imprescindibles para su adecuado desenvolvimiento social. Las escasas escuelas libres son un ejemplo a imitar, la educación en casa no es algo que tenga muy claro por la posible falta de socialización, aunque es algo que no está demostrado.

Ahora mismo nos encontramos, por lo menos en España, con una elevada tasa de analfabetismo funcional, fruto por un lado, de la escasa educación que pudieron recibir nuestros mayores y por otro lado, de la poca calidad del sistema educativo, sujeto a constantes reformas contradictorias; y de la escasa implicación de la sociedad en temas educativos.

Últimamente está de moda negarse a la vacunación de los niños, habiendo un debate importante sobre su necesidad u obligatoriedad. Es indiscutible que la vacunación universal ha erradicado enfermedades como la viruela, de la que moría mucha gente, y que las campañas de vacunación junto a la mejora de las condiciones sociosanitarias son los pilares de la disminución de la mortalidad infantil, así como del aumento de la esperanza de vida; pero también lo es que la industria farmacéutica usa las vacunas como negocio, poniendo innecesariamente en riesgo la vida de personas por obtener un mayor beneficio.

Fuera de debates apasionados e intereses mercantiles, auténticos comités de expertos independientes deberían evaluar la idoneidad de las vacunas, apoyando sólo las realmente seguras y de eficacia demostrada, desechando las restantes en función del principio de precaución.

Dentro del compromiso familiar para terminar voy a ocuparme de las amistades, porque sus vínculos pueden ser tan fuertes como el de un familiar, pero a la vez nuestra relación con ellos puede ser tan mezquina e interesada como con nuestra familia. Nuestros amigos son la apertura a la sociedad desde el ámbito familiar; parece como si la necesidad de compromiso se fuera diluyendo. Nada más lejos de la realidad, es necesario actuar con tolerancia, respeto y afecto hacia ellos. Haremos amigos en función de criterios de afinidad, gustos e intereses comunes desapareciendo la obligación de la sangre que teníamos con nuestra familia. Eso no quita que debamos ser sinceros, respetuosos y comprometidos con esas relaciones de amistad; nunca cayendo, claro está, en mantener por carencias afectivas amistades tóxicas que solo buscan aprovecharse de nosotros.

Tendremos muchos conocidos en nuestra vida social; es mejor no engañarnos y aprender a distinguirlos de un amigo en quien confiar y en quien apoyarnos cuando lo necesitemos. La amistad como el amor y el respeto hay que ganárselo y cultivarlo, no nos será de ninguna utilidad tratar a todas las personas como conocidos, eso solo hará que pongamos una barrera a una sincera amistad. Las amistades como las relaciones de pareja son origen de decepciones y amarguras, pero a su vez de enormes satisfacciones y fuente de crecimiento personal.

 

Compromiso social y político:

Somos animales sociales, como tales, históricamente la humanidad se ha dotado de unas normas de convivencia en base a reglas morales o leyes impuestas coercitivamente, ya sea, por la presión de la colectividad o por la violencia de las instituciones. Esto ha sido y es necesario, para garantizar la supervivencia de los grupos sociales ante la presión del egoísmo individual inherente al ser humano. El individuo siempre ha vivido estas normas sociales como algo que le transmitía seguridad, pero a la vez, una eterna insatisfacción al cercenar su necesaria expresión individual; a la vez que se convertían en un instrumento de coerción para mantener el status de las diferentes elites que ostentaban el poder por la fuerza de la violencia física o espiritual.

Nuestro compromiso social y político pasa por nuestra implicación en los asuntos que nos atañen como seres que viven en una colectividad y en la formación de las normas o sistemas de organización social de las mismas. Implicarse en la búsqueda de todas aquellas normas que se encaminen a dotarnos de unas mayores cotas de libertad, justicia y solidaridad; y en la lucha, siempre pacífica, por abolir todos aquellos mecanismos de control social, político o económico que en lugar de engrandecer al ser humano, empequeñecen al mismo.

Compromiso político, para que la forma de organización institucional sea los más democrática y participativa posible; donde los ciudadanos no se limiten a ser consultados cada cierto tiempo, delegando pasivamente su soberanía personal en unos representantes que al final solo velan por sus interese personales. Participar en nuestras instituciones y buscar formas de representación y participación de autentico autogobierno, transcendiendo la creencia de que la democracia parlamentaria es el mejor modo de gobernarnos. Es solo una creencia y entre todos debemos buscar y desarrollar una forma de autogobierno que mengue el control social de los poderes fácticos y a la par, de nuestra transcendencia individual, se produzca la de los prejuicios y condicionamientos sociales.

Nuestro compromiso personal debe traducirse a nivel social en perseguir unos objetivos que transciendan las naturales inclinaciones egoicas a nivel colectivo, como las enfermizas identificaciones nacionalistas, de raza, genero, etc. Debemos impulsar una sociedad civil fuerte, por medio de nuestra participación en organizaciones sociales de todo tipo que pueda servir de contrapeso a los naturales poderes facticos, capital, iglesias, estados y otras instituciones públicas, ejercito, etc.

En nuestra defensa de nuestros intereses individuales y colectivos renunciaremos expresamente al contraproducente uso de la violencia, ya sea verbal o física, pues recordemos que lo que más teme el poder es la desobediencia civil pacífica; al verse deslegitimado para el uso de medios violentos inherentes al ejercicio del poder. Sobre el uso de la violencia en casos extremos de defensa propia, no puedo justificarla ni argumentar en contra, cada uno deberá atenerse a su conciencia y a las consecuencias kármicas de sus actos; sin dejar de recordar que la violencia solo engendra violencia y que nadie tiene derecho a eliminar una vida, a un espíritu que ha recibido el don de la encarnación.

No hay mayor expresión del egoísmo a nivel social que las mal llamadas diferencias sociales o de clases, autentico germen de oscuridad en nuestras sociedades que solo ha cambiado sus formas, desde el esclavismo legal, hasta el económico de las cadenas del paro o de una hipoteca. Sin una autentica solidaridad, sin revertir el milenario mecanismo de acumulación de riqueza de unos pocos a costa de muchos, tanto a nivel local, como mundial; el necesario desarrollo armónico y pleno del ser humano se verá castrado a nivel social impidiendo la realización del mismo, por muy transcendidos a nivel espiritual que estemos cada uno. Hemos de reconocer nuestra responsabilidad en la pobreza de la mayoría de la población mundial, después de siglos de explotación y rapacidad por parte de occidente y oponernos abiertamente a la perpetuación de ese infame mecanismo.

Abandonar actitudes racistas y xenófobas, que no dejan de ser la expresión de nuestro más puro egoísmo, aunque por supuesto no tolerando actitudes ni comportamientos que menoscaben la dignidad humana. Pero tampoco queriendo imponer nuestras opiniones y costumbres a los que no los comparten.

A nivel sexual la sociedad debe ser ese caldo de cultivo donde puedan germinar la expresión de nuestro erotismo y la satisfacción de nuestros anhelos y deseos sin que se vean limitados por creencias arcaicas o moralidades represoras del ser humano, el único límite debe ser el respeto tanto a nivel individual como colectivo.

Desde el punto de vista religioso nuestro compromiso se centra en nuestra transcendencia tanto a nivel individual y social para la expresión de nuestra autentica naturaleza en todos los ámbitos de nuestra vida, alejándonos de iglesias e instituciones que se atribuyen la interpretación de la palabra divina con fines egoístas. Huyamos de pulpitos, alminares, etc., desde donde se transmite una interpretación neurótica e interesada de Dios.

Somos seres neuróticos que vivimos en sociedades neuróticas donde nuestros deseos de bienestar y plenitud se traducen en una errónea búsqueda de la mayor acumulación material posible. Sólo transcendiendo esa falacia tanto a nivel individual como social podremos encontrar algo de paz en lo más profundo de nuestro corazón. Esto no significa que no sea necesario progresar, ni que no haya individuos emprendedores, pues somos seres divinos pero con cuerpo y mente que también tienen sus necesidades como he dicho antes; pero siempre con la intención de mejorar la existencia de la especie humana y no como hasta ahora, como mecanismos para acumular más riqueza y poder y satisfacer nuestros egos.

 

Compromiso medioambiental:

El planeta que nos sostiene y da vida, la madre tierra también tiene sus necesidades, de regeneración y equilibrio. Ahora mismo se encuentra con múltiples heridas abiertas, por las que la sangre de su vitalidad se escapa, poniendo en riesgo su supervivencia y la nuestra como especie.

Debemos respetar sus ciclos, tomar solo lo que es estrictamente necesario para nuestra vida, huyendo del despilfarro de recursos, del usar y tirar que tanto fomenta el sistema económicosocial. Debemos ir a una sociedad donde las fuentes de energía sean en todo renovables, eficientes e integradas en un sistema de producción justo y solidario, en el que el acceso a los recursos y a la tecnología sean realmente democráticos y universales, tanto entre individuos como naciones.

No podemos seguir viviendo de espaldas al sistema natural que nos sustenta, tendremos que aprender a respetarlo, a cuidarlo y a respetar el espacio de los otros seres vivos en él. Dejar de pensar que solo está ahí para satisfacer nuestras necesidades, y reconocerles su autonomía y sus necesidades. Como seres vivos todos tenemos derecho a la vida y que está se desarrolle de una manera lo más digna y satisfactoria posible. Eso incluye a plantas y animales, y cuando debamos tomar de ellos para cubrir nuestras necesidades, que sea de la forma más respetuosa e indolora posible.

Tenemos que dejar de envenenar nuestro planeta, hay que buscar los cauces para desarrollar una agricultura lo más ecológica posible, renunciando al masivo empleo de pesticidas y abonos químicos; auténticos venenos que ya corren por nuestra sangre. Por supuesto la manipulación genética de seres vivos, que no es lo mismo que la selección, la experimentación con animales, los espectáculos de maltrato de los mismos, el asesinato de animales por deporte; prácticas, entre muchas otras, que son indicadores del la grave patología social e individual del ser humano, sería deseable cesaran en su milenario ejercicio. Reconducir la actividad ganadera, eliminado pastos en tierras agrícolas, en aras a conseguir un adecuado abastecimiento alimentario, a todos los seres humanos; permitiendo nuestra coexistencia con el resto de seres vivos. Conforme nuestro compromiso individual, con respecto a nuestra alimentación, se vaya afianzando la menor necesidad de proteína animal en nuestra alimentación permitirá disminuir la presión sobre el entorno y el genocidio innecesario de millones de seres vivos.

En toda actividad humana las tres erres, reducir, reciclar y reutilizar, deben convertirse en principio intrínseco de todas ellas. Para reducir nuestra huella ecológica al máximo. Este compromiso medioambiental se expresa en sus vertientes individual y social, en nuestras actuaciones cotidianas, en nuestra forma de entender la vida, pero también en nuestra implicación en movimientos sociales de defensa del medio ambiente o de la tierra. Debemos reconvertir la tecnología en una aliado y amigo de la vida y no, en, como hasta ahora, un medio de destrucción de los sistemas naturales. La economía debe orientarse hacia el servicio del hombre y el cuidado de la tierra, abandonando los criterios mercantilistas. Conjugar nuestras necesidades de movilidad con el respeto al entorno y a los residentes en cada lugar; somos seres dotados de movimiento que hemos ampliado con el uso de vehículos movidos por combustibles fósiles. El actual sistema de movilidad y transporte es a todas luces insostenible, por el ocaso de los hidrocarburos pero también por el enorme daño ambiental que provoca. Un sistema de transporte basado en el coche privado es inviable económicamente y ecológicamente a largo plazo y terminará por colapsar; con un grave impacto sobre nuestras vidas y nuestras sociedades. A falta de tecnologías eficientes de sustitución, el replanteamiento de nuestro sistema de movilidad es ineludible para que cese la continua agresión a nuestro planeta y a las sociedades donde geográficamente se sitúan dichos combustibles.

La propiedad de los recursos naturales y la decisión sobre su uso corresponde a las colectividades donde se sitúen geográficamente, sin menoscabar el necesario dialogo en igualdad de condiciones para su disfrute y aprovechamiento a nivel planetario. Todos vamos en el mismo barco, nuestro planeta; todos debemos cuidarlo y todos debemos disfrutar de sus recursos, por supuesto renovables.

Nuestra obligación como individuos y sociedades es legar a nuestras generaciones futuras un planeta habitable para todos, en el que todos los seres vivos tengan unas condiciones dignas de existencia; y en el que todos seres humanos estén correctamente alimentados a nivel físico, mental y espiritual.

Compromiso universal

Todos estos niveles anteriores de compromiso, individual, familiar, social y medioambiental convergirán en un compromiso universal con todas las existencias ya sean físicas o espirituales, basados en el respeto, el amor y la comprensión mutua. En reconocer el carácter divino del ser humano y de todo cuanto le rodea, con todo lo que ello implica; y en la comprensión sincera de que formamos parte de un todo interconectado. Donde la responsabilidad de nuestras acciones es solo nuestra y la determinación de nuestro futuro se decide con la germinación de cada pensamiento. De nosotros depende que ese pensamiento sea de amor, de compasión y de apoyo mutuo o por el contrario sea de egoísmo material, de rencor, de desprecio.

Ante nosotros se abre un sendero que podemos llenar de luz y esperanza o continuar, como hasta ahora, en la oscuridad de nuestros egoísmos individuales y colectivos.

Tu, ser humano, tienes la decisión, la capacidad de crear tu realidad; que tus pensamientos sean positivos para ti y para el resto de los seres humanos determinarán tu nivel de compromiso; pero a su vez este hará que tus pensamientos se liberen de la eterna rueda de sufrimiento del Samsara para vislumbrar un mundo mejor.

Tenemos un compromiso con nuestro creador, con la energía de la que formamos parte, con ese tao de los taoístas, que es esa fuerza inconmensurable que anima el universo; ¿Podemos ser tan cortos de miras, tan egocéntricos, para pensar que se nos dio la posibilidad de encarnarnos, tan solo para destruir nuestra casa, para causar sufrimiento y dolor a nuestro alrededor.

Abre los ojos, disuelve tus propios fantasmas para comprender que estamos sobre la tierra para sentir el amor, expresarlo y darlo a todo cuanto nos rodea y renacer en la gloria de la compasión, de la iluminación.

 

 

Chiclana de la frontera. 1 de octubre de 2012.